Sobrevivir tras la Semana Santa

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Después de las vacaciones de Semana Santa, ¡toca vuelta a la rutina!

Necesitábamos unos días de relax, tiempo para desconectar y disfrutar de las cosas típicas de estas fechas. Y es que no hay una Semana Santa que se precie, sin sus correspondientes excesos. Los tradicionales dulces de estas fechas, no entienden de calorías. Ni tu abuela, ni tu madre van a aceptar un no por respuesta a esas torrijas u hojuelas, que han preparado con tanto cariño para toda la familia.

Por todo ello, que insistimos, es totalmente recomendable para una vida feliz, ya que tenemos el resto del año para "portarnos bien" comiendo, muchas personas, al terminar la Semana Santa, al igual que en Navidad, pierden la cabeza; cunde el pánico y es hora de machacarse con entrenamientos intensos que "compensen" los excesos, y dietas muy restrictivas que poco o nada van ayudar a nuestra salud.

Pensemos con cabeza. Unos días saltándote la dieta no te van a hacer tirar a la basura, todo el buen trabajo que vienes haciendo. Calma, tampoco has engordado 10 kg por esos dulces que tan feliz te han hecho mientras los estabas comiendo. Se necesita mucho más que eso para engordar en tan poco tiempo. Seguro que os sentís hinchados, por haber comido diferente a lo que estáis acostumbrados; nada que no resuelva otra semana comiendo como lo hacéis de forma habitual y entrenando como lo soléis hacer.

En nuestro caso, estando en Nueva York, nos hemos librado de las torrijas, pero no por ello de los excesos. En la gran ciudad, a pesar de los fast food que han traspasado la frontera, es una pena que no se conozca tanto su otra gastronomía, la que se vive en las calles y mercados; y es que allí abunda la comida natural, de cultivo ecológico y libre de conservantes o productos artificiales. De ello hablaremos en el post que hagamos sobre nuestro nuevo viaje. Pero lo cierto es que, aunque hayamos comido "sano" no significa que no fuera rico en calorías. Si, nosotros hemos pecado a nuestra manera.



Sin embargo, nuestra filosofía es que lo que te convierte en algo, sea lo que sea, es la constancia. La perseverancia y paciencia haciendo una cosa, sin rendirte, paso a paso, con actitud y sin dejar de avanzar, es lo que te convierte en ello.
Por ejemplo, una persona que está comiendo mal, toda su vida, por un día o dos que coma fruta y verdura, no significa que ya sea una persona saludable. Igualmente, al contrario, si en tu cotidianidad, eres una persona que se cuida, con una buena alimentación y ejercicio físico, no vas a dejar de serlo, si te concedes ese capricho de vez en cuando.

No seamos tan críticos con nosotros mismos ni nos auto castiguemos de esa manera. 

¿Has disfrutado de ese momento? SI 
Eres peor por haber levantado el pie estos días? Absolutamente NO

Al contrario. Porque aprender a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, es un arte que también debemos entrenar. La mente puede ponernos el listón muy alto, auto exigiéndonos un nivel que no tenemos por qué cumplir. Coge las riendas de tu vida, de tus tiempos, de tus necesidades. Y no permitas que este estilo de vida, tenga un impacto negativo en ti mismo. No permitas entrar en tu mente a la presión, los agobios innecesarios ni a la auto flagelación.
Sigue entrenando con pasión, porque te gusta y te hace sacar tu mejor versión, no para compensar los excesos ante una báscula. Come disfrutando y por tu salud, no para lograr esa operación bikini o porque alguien te haya dicho que tienes que entrar en la talla S.

En definitiva: 
Calma, controla tu mente, 
Porque con la actitud correcta, sobreviviremos con éxito a la Semana Santa, y a cualquier momento que rompa nuestra rutina.



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