Un maratón o correr hacia la felicidad

10:00

Y ya pasó. Un año más, la meta del Maratón se quedó atrás, y con ella, una larga temporada de preparación, que en cierto modo, da pena que pase. Pero sólo en cierto modo, pues cuando tienes tanto volcado en unas horas de esfuerzo, el subidón que tienes al finalizar es impresionante

Y mucho más si la carrera se da tan bien, como se ha dado este año.


Cierto es que las sensaciones “pre” son de mucho menos nerviosismo si no vas de novato. Como decía en un anterior post, la mejor manera de preparar un maratón es habiéndolo corrido antes. Y en esta tercera edición, uno estaba mucho más templado y eso se agradece. Aún así, es una carrera que que siempre hay que respetar, aunque nunca temer.

Lo más importante es no extralimitarse y saber para qué has preparado la carrera, con qué objetivo. Y si has hecho eso correctamente, no tendrás problemas en finalizar. En mi caso, tenía una preparación de unos 3 meses en serio, aunque la base aeróbica siempre está ahí. Y mi objetivo era terminar la carrera en torno a las 4 horas, dependiendo de las circunstancias de carrera, pues en una carrera de estas características, hay infinidad de imprevistos que pueden surgir, desde la climatología, hasta el vestuario, pasando por alguna lesión previa. Y aunque parezca una quimera, hay que estar preparado para esos imprevistos y saber solventarlos en carrera. 




Este año, tal vez el mayor imprevisto fue la estupenda sensación en carrera, en la que en muchos tramos tuve que frenar e ir por debajo de mis posibilidades reales, pues veía que “fliparse” y dejarse llevar por las buenas sensaciones era algo que más adelante podía pasarme factura. Así que le puse cabeza y empecé a ir por pulsaciones más que por sensaciones, que es algo que no me suele gustar la verdad.

El primer tramo de la carrera, su comienzo hasta el kilómetro 10 fue un poco para tomar el pulso a Madrid, ver cómo iban las piernas y respirar un poco esa pedazo de mañana que hizo para los runners. Era una pasada ver a los corredores emocionados, soltando chistes y teniendo una conversación animada o unas palabras de jaleo hacia el grupo. Recuerdo con especial cariño a un grupo de chavales que disfrazados de personajes de Star Wars ondeanban en uno de los puentes que cruzan la Castellana, una bandera con el lema “que la fuerza os acompañe”. 

Ya en el Kilómetro 10, se confirmaron las sensaciones y todo iba sobre ruedas, empezamos a hidratar bien con Isotónica y un gel y comenzó mi tramo más rápido, llevando una media de 4´:30´´, algo que había vivido en 2-3 entrenamientos previos, no más. Puse freno en la llegada hacia la Gran Vía madrileña, y no por no poder, sino porque el ambiente era absolutamente apasionante y había que saborearlo. En ese tramo la gente se apiña, hace embudo y eres tú el que te abres camino tras ellos, como en cualquier etapa reina de montaña del Tour de Francia. Aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Madrid se volcó en ese trozo.

Y hasta ahí mi primera parte de la carrera, pues en la estatua de Larra que se encuentra en la inmediaciones del Palacio Real me esperaba Eli, en el exacto lugar en el que nos conocimos hace 3 diciembres, pero con un poco más de calor. Empezó entonces otra carrera, en la que era necesario iniciar más despacio para dejar que ella entrara en calor y fuera tomando el pulso a la carrera, pues aunque el primer tramo era agradecido, se acercaba la temida Casa de Campo




Evidentemente con Eli los Kilómetros pasan muchisimo más rápido, amén de ser mi perfecta escudera en lo que al avituallamiento se refiere. Es realmente impresionante lo que un buen Pacer puede hacer por ti cuando más lo empiezas a necesitar. Y es que, no lo podemos negar, por muy preparado que se esté, a partir del kilómetro 25-30, la carrera empieza a hacerse tosca y hay que negociar mucho con la cabeza y con el terreno, pues todo lo que pongas de más en ese momento, se pondrá de menos según lleguen los kilómetros finales. Y además, coincide con la parte del recorrido más fea. Lugares en los que si, la gente anima, pero no es ni de lejos el centro de Madrid, algo que no empiezas a notar de nuevo hasta que te acercas al kilómetro 35-36, en las inmediaciones de la Glorieta de Atocha, desde donde la gente te lleva en volandas hacia la meta. Donde matarías por parar el tiempo en la entrada al Retiro, donde ves realmente en las caras del público admirado, la barbaridad que acabas de dejar a tus espaldas. 


No pretendo con este post hacer un recorrido por la carrera o una crónica de cómo o cúanto corrí; me gustaría que en estas líneas se sintiese mucho más, cómo te hace sentir la gente. La importacia de los voluntarios, su eterna amabilidad y ayuda en todo momento; el público, que en tramos de la carrera te hace sentir como si fueses un atleta de cualquier JJOO y te trata como un auténtico héroe. La solidaridad de los corredores, siempre dispuestos a ayudarte, ya sea para ofrecerte agua, soltar un chiste en un momento crítico o alentarte cuando te pasan o los pasas; los conocidos que sabes que andan por allí, amigos y ya compañeros de running, que esperas ver como si fuera una meta más, dentro de la misma carrera. Ese ánimo, es especialmente importante para todos los que corremos. Ya sea un familiar, un amigo o una simple cara conocida de las redes sociales. El apoyo mental que pueden llegar a ofrecerte, es algo impagable. Un pacer como Eli, que merece todo el merito del mundo, metiéndose en mitad de carrera y llevándote en volandas durante 23 kilómetros a una velocidad nada despreciable.


Un maratón no tiene sentido, bajo mi punto de vista sin todo eso. Cualquiera puede calzarse las zapatillas un domingo y hacer ese recorrido, pero esto es una fiesta en la que eres el protagonista. Fidípides corrió para anunciar la victoria sobre el ejercito persa. Cuenta la leyenda, que murió nada más contar la noticia. Corrió, sin saber que su hazaña sería tratada como una gesta. Corrió por un fin, seguramente, no disfrutando del camino. Yo corro como un medio, como un medio para hacerme feliz. Disfruto del camino e incluso me da pena acabar.


Para terminar, me gustaría hacer referencia a una bonita historia, que nos ocurrió de vuelta a casa, con la medalla al cuello. Recuerdo, que a 200m. de la meta, un señor más bien mayor, con un aparatoso vendaje en la pierna, me daba una palmada en la espalda cuando le adelantamos, mientras asentía con felicidad. Me quedé realmente impresionado que alguien de su edad, mostrase tal entereza en los kilómetros finales de esta prueba. Lo curioso fue que ese mismo nombre, casualidad o no, estaba sentado delante de nosotros en el metro de vuelta a casa, con la misma serenidad y felicidad de una hora antes. No nos pudimos resistir a hablar con él. Era un señor francés, que a sus 67 años, había elegido Madrid como su trigésima Maratón; Si, 30 maratones en sus piernas, además de otras tantas carreras populares, ultras y demás. Nos contaba que una vez, en Rotterdam, llegó a hacer 2h:50´ en su Maratón y que hace un par de semanas venía de hacer el Maratón de Sables, una auténtica barbaridad por el desierto marroquí. 
Y lo que más me llamó la atención era la sencillez de ese hombre. En él no había unas deportivas de última generación; es más, llevaba un reloj de no más de 20€, con cronómetro, hora y poco más. Ese hombre confirmó mi teoría:

Se corre porque te hace feliz correr, no porque te hace feliz acabar carreras en un determinado tiempo. Si no se disfruta por el camino, si no encuentras la felicidad en el recorrido...la meta no tiene ningún sentido.


You Might Also Like

0 comentarios

Ahora te toca opinar, queremos escucharte!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Like us on Facebook

Flickr Images

Subscribe